Suben y bajan o la tercera imagen

Suben y bajan o la tercera imagen

Cuando abro un libro, siempre le pido que su historia me conmueva. Es un ruego casi agónico, infantil y hasta caprichoso. El corazón me palpita con fuerza, me muerdo el labio y espero con inquietud el tsunami o, al menos, el tambaleo por humilde que sea. Las novelas y los cuentos cuentan con muchos recursos para lograrlo pues las páginas son largas rutas al servicio de descripciones y narraciones. Pero en el álbum, la cosa es diferente. Hay una gran economía del lenguaje, cada palabra es puesta con precisión matemática y el peso cae en la imagen. Uri Schulevitz dijo en una de sus conferencias “La ilustración más importante de un picture book es aquella que es invisible”. Como ejemplo enseñaba un lápiz en cada mano y preguntaba: “¿Qué ven?”, a lo que todos respondían “dos lápices”. Entonces, revelaba el secreto de la pregunta trampa: “lo que ven son dos lápices y el espacio entre los dos lápices. (…) Hacemos una taza de arcilla, pero ¿qué es lo que hace a la taza útil?, lo que la hace útil es el espacio vacío de la taza”. En otras palabras, dos ilustraciones (o doble página de un álbum) crean una tercera imagen en la mente del lector. Es aquí donde radica la interpretación y el sentido que le otorga. Lo que ocurra en ese espacio invisible determinará el poder de ese relato en la persona que lee. Se batirán a duelo recuerdos, carencias, expectativas, talentos y defectos; y entonces, sin razón aparente, el libro logrará su cometido: conmover…o no.

A mi parecer, cuando el libro que emociona pertenece a la primera infancia el mérito es doble, pues las exigencias del álbum en edades tempranas son menos flexibles: con poco hay que contar mucho y ese mucho debe sugerir lo suficiente para decantar las lecturas —de libros, del mundo— que se deparen en el futuro.

Suben y bajan logra ese sutil temblor que hace vibrar al unísono al pensamiento, la piel y el corazón. La clave de su lectura no está en lo que dice, sino en las distintas asociaciones que sugiere a través del vínculo de dos conceptos aparentemente contrarios: subir y bajar. La síntesis visual de formas y colores planos recuerdan, sin duda, a la obra de Paul y Ann Rand.

Marta Comín
A buen paso| 2017

Como en todo álbum hay asociaciones más sencillas y otras más complejas…

También se cuestiona los propios conceptos.

Y se establece una amistad entre ellos.

Para elaborar este álbum Marta Comín partió de algunos fragmentos del Tao Te ching (El libro del camino y la virtud), el texto filosófico en el que se funda el taoísmo. Tal como explica su autora en el propio álbum “el principio taoísta de la dualidad describe dos fuerzas fundamentales, opuestas y complementarias, que se encuentran en todas las cosas. Las observaciones reunidas en las páginas de Suben y bajan son fruto de mi necesidad de traducir gráficamente este principio para comprenderlo mejor”.

Sin duda, una interesante apuesta de la editorial A buen paso. Un álbum para la biblioteca de los más pequeños que va más allá de los conceptos que trabaja y anima a leer la vida desde el simulado vacío que une el silencio entre las cosas.

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