“Van Gogh solo luchaba consigo mismo”

Van Gogh solo luchaba consigo mismo

¿Es posible un punto de encuentro entre Javier Zabala y Vincent van Gogh? El álbum El pájaro enjaulado parece serlo. Si abrimos la jaula ¿se volará la soledad?

Javier Zabala es uno de los ilustradores más importantes y representativos de España. Sus obras han generado un vínculo especial entre el público infantil y adulto, un ejercicio de democracia visual que ha permitido hacer realidad la famosa frase “para lectores de 0 a 100 años”. Porque la ilustración también se lee y cuenta aquello que el texto no se anima, no puede o no imagina que puede contar. Al menos, en las ilustraciones de Javier, entre las que se incluyen las que realizó para el álbum El pájaro enjaulado, una pequeña obra de arte publicada por Edelvives, de la que hablaremos con su ilustrador.

Hola, Javier. “El pájaro enjaulado” invita a una lectura íntima, cercana. A esas que se realizan en el sofá con una manta y algo caliente para tomar. A ti, ¿qué emociones e ideas te despertó el texto cuando lo leíste por primera vez?

Creo que este relato tiene mucho que ver con la lucha que tuvo en vida Van Gogh consigo mismo y con su entorno, pero también nos interpela y hace que nos planteemos preguntas sobre nuestra propia vida. Nos dice que a veces, quizás, nos dejamos llevar demasiado por el entorno o las circunstancias. También nos invita a ser más nosotros mismos, a aceptar los riesgos al tomar decisiones, a ser más libres, no tener miedo al fracaso o a las dificultades y desde luego a ser siempre nosotros mismos. Es, de todas formas, un texto muy abierto a la interpretación personal e imagino que cada uno debe sacar sus propias conclusiones. Creo que Van Gogh escribió este relato desde las emociones, pero a la vez intentando racionalizarlas, organizarlas, algo siempre muy difícil, incluso contradictorio, como a veces la vida misma. Es curioso que digas que es un libro para leer bajo una manta, yo, quizás, lo leería más a gusto en un espacio abierto, una pradera o cerca del mar, pero tampoco estaría mal en casa un día de tormenta… que tampoco hay que tomarse las metáforas al pie de la letra…

Hay libros, personajes, que nos acompañan durante toda la vida, como si fueran amigos que viven en la distancia. Leíste tu primera biografía de Vincent Van Gogh cuando tenías 16 años. ¿Fue el inicio de una amistad con él? ¿Este libro es un reencuentro o una deuda pendiente? 

Sí, fue la primera biografía de un pintor que yo leí. Desde entonces ha sido una figura importante en mi vida, pero más como planteamiento emocional que como referencia plástica y no, no es un reencuentro porque siempre ha estado ahí de alguna manera. Su fuerza es lo que más me interesa de él. Van Gogh era un artista puro y muy sincero, no luchaba con el mercado de su época, que no podía comprenderle, solo luchaba consigo mismo. La obra de Van Gogh tiene muy poco que ver con el tipo de trabajo que yo hago, pero creo que su lucha es la de cualquier artista, en cualquier época, que sea, insisto, sincero con sus intuiciones plásticas y con sus emociones y anhelos personales. Creo que ese podría ser nuestro lugar común para encontrarnos.

Para ilustrar un texto hay que interpretarlo desde la razón, pero sobre todo, desde las emociones y la sensibilidad. ¿Cómo has logrado llevar el texto de Van Gogh a tu terreno?

Yo creo que esto depende mucho de cada texto y también de cada ilustrador. Hay textos muy racionales, los hay poéticos, emotivos… y cada uno debe interpretarse gráficamente con un código distinto, a veces incluso buscando en vez de la coincidencia el contraste. Este relato es para mi pura emoción y no fue una tarea fácil, aunque sí interesante. Creo que utilicé el camino más largo, haciendo y descartando y volviendo a hacer, hasta que me pareció que las piezas encajaron, espero…

Las ilustraciones responden al texto, sin embargo también están empapadas del espíritu del pintor. Pareciera que a través de tus ilustraciones hablara la peculiar personalidad de Van Gogh. ¿Estamos en lo cierto? En ese caso: ¿has temido que un personaje tan fuerte como Van Gogh pudiera eclipsar tu interpretación de la carta?

Siendo el escritor también pintor, además del texto no podía obviar todo lo que conocía de él, su personalidad y también, cómo no, su mundo plástico.
Estoy seguro de que Van Gogh habría ilustrado este relato sin grandes problemas y probablemente todos imaginamos cómo habría sido su interpretación plástica, pero yo no soy él y, tienes razón, debía buscar mi manera personal de hacerlo, necesitaba encontrar un lugar común donde poder expresarme gráfica y emocionalmente, sin sentir la presión de Van Gogh y viceversa. Un lugar donde crear suficiente tensión y a la vez armonía, entre dos mundos plásticos, muy distintos y también donde el texto tuviera cabida. Al principio, pensé que Hokusai y los maestros del Ukiyo-e, tan cercanos a Van Gogh y a mí mismo, podrían ser ese lugar de unión, pero según se iba desarrollando el proyecto vi que no era esa la solución. Fue un proceso largo, y probé numerosas vías. Al final, el trabajo de Van Gogh está en el libro integrado como un collage dentro de mis ilustraciones y de una manera más bien testimonial, pero creo suficiente. Pensé desde el principio que debía estar, pero no ocupar demasiado espacio. Cuando acabé el libro me di cuenta de que algunas partes tenían más que ver con Klee que con Van Gogh, pero me pareció que la tensión entre todos los elementos funcionaba.

Durante el proceso de ilustración ¿cómo ha sido el diálogo con este proyecto?

De lo que sí estoy muy seguro es de que ha sido un diálogo intenso. Trabajé en este proyecto durante cuatro años y a lo largo de este tiempo realicé hasta tres versiones diferentes y los cambios importantes continuaron hasta el final. Imagino que todavía hoy seguiría cambiando cosas, pero sería ya otro libro.
Es de esos trabajos que cuando los acabas, finalmente, sabes que en el momento en que lo has hecho has dado lo máximo que podías. Y sientes un poco de pena al terminar…

¿Qué crees que es lo más significativo de este álbum?

Creo que ya he hablado de esto, pero por añadir algo más, diría que encontrar otra faceta más de este genial pintor y a través de ella comprender su gran coherencia vital y su apuesta por evitar a toda costa los lugares comunes mostrándonos solo su yo más íntimo. El relato es un fragmento de una carta privada de una persona a un hermano y amigo, y en ella se expresa sin ninguna máscara y con total sinceridad. Aún así, Van Gogh necesitó utilizar una parábola para intentar comprenderse y hacerse comprender. Es un pequeño pedazo de la historia de la pintura y también del mundo en que vivimos, tan actual como el día en que se escribió, una historia universal. Es sinceridad absoluta. Creo que eso es lo más significativo de este álbum.

En alguna ocasión has comentado que “La ilustración no la eliges tú sino que te elige ella a ti”. ¿Por qué piensas que te ha elegido a ti? 
Esta frase tiene mucho que ver con mis inicios en esta profesión. En ese momento tienes que tomar decisiones y dejar otras cosas que la sociedad de tu tiempo había decidido para ti y elegir un camino un poco menos trillado y menos tranquilo. Ilustrar es una forma de vivir y si lo sientes así, simplemente no puedes evitarlo.

También has dicho que “la casualidad, también en la creatividad y en el arte, es una vía inagotable de descubrimientos” ¿Cuánto de azar hay en tus ilustraciones? ¿Cuánto de lúdico tiene el azar? 

Esto depende mucho de cómo tenga organizado el cerebro cada uno. Conozco muchos ilustradores, artistas, que son absolutamente metódicos y dejan poco al azar. Pero, incluso en ese poco, deberíamos tener la suficiente sabiduría para comprender que no se puede dejar pasar de largo algo bueno que está delante de ti, incluso si no estaba previsto.En mi caso, yo me considero muy intuitivo, personal y profesionalmente, y con el tiempo he ido desarrollando técnicas y procesos que potencian el uso de la casualidad, que sí, es muy divertida, pero no nos podemos engañar, es nuestra parte racional la que decide si debemos usar lo que encontramos o debemos dejarlo pasar.

Por último, a los ilustradores les dices “la cabeza en las nubes, los pies en la tierra”. La pregunta es ¿y el corazón?

Esto se lo suelo decir a los ilustradores noveles en mis cursos de ilustración, que a veces tienen una idea demasiado romántica de esta profesión. Pero la realidad es que aparte de buenos artistas debemos ser buenos vendedores de nosotros mismos y efectivamente tener los pies en la tierra, sobre todo cuando tratas temas mundanos como los porcentajes en los derechos de autor, contratos, etc. Cierto que no es fácil vivir esa dualidad, pero es así. El corazón lo usamos para pintar y sentir pasión por nuestro trabajo, como he dicho, una forma de vida.

¡Muchas gracias, Javier!

Entrevista publicada por Edelvives

Fecha: 25/03/2014

©2016 Copyright - cuandotepresentoelmundo.com | Diseño y Desarrollo SeventySix. Your Brand in Action