“Trato de transmitir el placer por la lectura”

Trato de transmitir el placer por la lectura

Benjamin Chaud ya sabe lo que es el éxito. Sus expresivas líneas y trazos han dado vida a personajes entrañables, como Pomelo o los protagonistas de La canción del oso. Esta entrevista gira en torno a este último libro y, también, sobre su profesión.

Desde 1981 hasta el 2013, la Ópera Garnier de París tuvo en su tejado unas curiosas inquilinas. Ocho panales con 4 500 abejas era cuidadas por el apicultor Jean Paucton, cuya miel era vendida en la boutique de la ópera. Una anécdota que recoge La canción del oso, el último álbum de Benjamin Chaud. Al igual que otros libros del ilustrador, destaca por la expresividad y la ternura de sus personajes, en un ambiente simpático en el que hay mucho por descubrir. Con motivo de esta nueva publicación, conversamos con él, donde habló de su proceso creativo y, también, de su profesión.

Benjamin Chaud nació en 1975 en Francia y estudió Artes Aplicadas en París y Artes Decorativas en Estrasburgo. Disfruta mucho de su profesión, a la que nutre de paseos y observaciones cotidianas. Sus libros han sido traducidos a varios idiomas. Os dejamos con él.

En una entrevista has dicho: “… Estoy en contra de la idea de indicar una edad en los libros: uno lee lo que ama”. La pregunta es: ¿qué amas?

Leo de todo. Leo libros infantiles por sus dibujos, pero también por sus historias. Me gustan sobre todo los libros de Kitty Crowther, Beatrice Alemagna, Delphine Durand, Blex Bolex, que combinan perfectamente el texto con la imagen. También leo cómics (Daniel Clowes, Christophe Blain, Blutch, Chester Brown) y muchísimas novelas, sobre todo contemporáneas y americanas.

¿Qué cosas para ti son importantes transmitir en tus ilustraciones?

Tanto en mis ilustraciones como en mis historias trato de transmitir, sencillamente, el placer por la lectura. No tengo ningún mensaje concreto (pequeño o grande); intento ser honesto y compartir mi visión del mundo.

En tus ilustraciones el color tiene una gran importancia, ¿verdad? ¿Te has planteado alguna vez una ilustración en blanco y negro? ¿Por qué?

Me cuesta mucho el color; me resulta menos sencillo que el trazo en blanco y negro. Y, sin embargo, nunca he publicado ninguna obra en blanco y negro, seguramente porque trabajo para los más jóvenes, y hay muy pocos libros en blanco y negro destinados a los niños.

Le das mucha importancia al proceso creativo. Sabemos que para inspirarte vas a una cafetería o caminas por la calle para que “lleguen las ideas”. ¿Qué otras cosas forman parte del proceso de creación de un libro?

Me gusta tomarme mi tiempo. No resulta fácil, pero es importante que las ideas lleguen por sí solas (en una cafetería o caminando), sin que yo tenga que forzarlas. Después, la cosa va rodada: dibujo mis ideas en pequeñito y luego las voy agrandando progresivamente hasta el tamaño que quiero; seguidamente, trabajo sobre el crayonné para trazar el dibujo en limpio y, por último, me peleo con el color.

¿Cómo fue este proceso en la creación de La canción del oso? ¿De dónde nació la historia?

Empecé haciendo una Grandimage (láminas en gran formato) sobre la ópera para la editorial francesa La maison est en carton. Se trata de una lámina de gran tamaño repleta de detalles. Y como había que dibujar tantísimos personajes, retraté a personas que conocía (así me resulta más fácil). Además, como iba a nacer mi primer hijo, decidí que la imagen fuera mi tarjeta de nacimiento. Normalmente, no me gusta hacer imágenes complicadas, pero esa me encantó, y entonces le propuse a Sophie Giraud, la editora de Hélium, publicar un álbum con esa técnica y hablar de mi experiencia como padre creando una especie de ¿Dónde está Wally? Así fue como se me ocurrió la historia del papá oso.

¿Cuáles son las pequeñas cosas cotidianas que te maravillan?

Mis dos hijos.

La canción del oso tiene una gran cantidad de detalles. Incluso, aparecen personajes de otros de tus libros. ¿Qué otras historias, personajes o elementos que aparecen son los que a ti más te gustan?

Sí, hay muchos guiños a mis otros álbumes (me resulta más fácil dibujar personajes que conozco, y me divierte esconderlos por mil recovecos). Mis preferidos son Pomelo y el niño y el ratón de Adiós Manoplas.

¿Qué es lo que más te divierte de ser ilustrador?

Trato de disfrutar en cada fase del proceso. Es importante si se quiere transmitir el gusto por las cosas. Creo que, cuando un dibujo se ha hecho disfrutando, se nota; pero es difícil, porque a veces es un proceso largo y costoso. Creo que lo que más me gusta es la búsqueda de las ideas y cuando el libro ya está impreso.

Imaginemos que en los colegios dedicaran muchas horas de la semana a aprender a dibujar e ilustrar. ¿Qué crees que ganarían los niños y niñas?

Aprenderían a leer las imágenes (igual que se aprende a leer un texto), que es algo muy importante, y no se enseña. Y también aprenderían que, cuando te gusta dibujar, no te aburres nunca.

¡Gracias Benjamin!

 

Entrevista publicada en la web de Edelvives
Fecha: 9/04/14

Para conocer mejor a Benjamin Chaud

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