“La biblia es una fuente de ficción importante”

La biblia es una fuente de ficción importante

Phillippe Lechermeier ha sido capaz de redescubrir y valorar la dimensión literaria de la Biblia a través de la palabra. Rebecca Dautremer acompañó este gran proyecto con sus ilustraciones. El resultado: una biblia.

Philippe Lechermeier y Rebecca Dautremer son más que escritor e ilustradora, son un equipo. Y, como equipo, se han enfrentado a uno de sus mayores desafíos: un texto antiguo y actual, sensible y fuerte, hermoso y desgarrador. Juntos, han realizado una interpretación literaria del texto sagrado. La obra se vale de varios géneros –lírico, dramático, narrativo…- para contar sus historias de una forma cercana, pero sin olvidar la emotividad que las tiñe.  También, juega con insólitos puntos de vista. En esta entrevista, Phillipe Lechermeier nos cuenta un poco más sobre este trabajo.

¿Cómo surgió la idea de realizar una Biblia? ¿Qué puedes contarnos sobre el proceso de trabajo de Rébecca Dautremer?

Siempre he pensado que la Biblia era una fuente de ficción importante. Escribiendo esta biblia he tenido ganas de apropiarme de esas historias para restaurar su poder y su belleza. Además, me parecía muy triste que la mayoría de las personas creyentes o no, conociesen muy poco esos textos que forman parte de los cimientos  de nuestra civilización.

En cuanto a la colaboración con Rébecca, se produjo de una manera bastante sencilla. Mientras yo terminaba de escribir el Antiguo Testamento, sin tener muy claro si iba a hacer o no un libro ilustrado, Rébecca, con quien ya había hablado del proyecto, me pidió leer el texto. Enseguida se mostró muy entusiasta y me propuso ilustrarlo. Y así, mientras que yo empezaba mi versión del Nuevo Testamento, ella comenzó con las ilustraciones de los primeros relatos. Por otro lado, nuestra colaboración se centra sobre todo en el libro, en el objeto que queremos realizar y en la interacción entre el texto y la ilustración. Todo ello se hace con cuidado y con el fin de respetar el trabajo del otro, confiando mutuamente en nuestros respectivos campos, el de la escritura y el de la imagen.

Cuentas que fue tu abuela quien te narraba, entre otras historias, las de la Biblia ¿recuerdas qué sentías o qué te atraía cuando escuchabas estos relatos? 

El asombro, el miedo, la fascinación por las historias. Mi abuela era creyente y sin duda me contaba esos relatos con una intención instructiva. Solo que se dejaba llevar por el placer de contar y lo sagrado pasaba rápido a segundo plano.

Recuerdo, sobre todo, la forma en la que la historia se desplegaba con apenas algunas palabras. El poder de la palabra que podía llevarnos a un mundo extraordinario, envolvente o terrorífico, me atraía tanto como las historias mismas. Recuerdo que, durmiéndome, repetía ciertas palabras y ciertas frases, a veces sin comprenderlas, únicamente por su ritmo y musicalidad.

¿Por qué escribir (o reescribir) “una biblia” en un contexto en el que la producción editorial con obras originales está en auge? 

Porque mi enfoque es antes que nada un enfoque literario y no se sitúa para nada en el mismo plano. Tenía ganas de sacar ese texto de sus ataduras religiosas en las que, demasiado a menudo, está encerrado y hacerlo accesible sin ninguna intención de proselitismo religioso o de cuestionamiento de su dimensión sagrada. Por consiguiente, no abordo el texto con la distancia, la precaución y la reverencia de la mayoría de la gente religiosa sino con una gran libertad, con la glotonería, la curiosidad y la imaginación de un escritor.

Se dice que un libro abre puertas y ventanas. ¿Hacia dónde te han conducido las que se abren con Una biblia?

Primero me llevaron hasta los misterios de nuestra civilización. Incluso, siendo consciente de ello, me he dado cuenta de hasta qué punto la mitología bíblica está en todas partes, no solamente en las iglesias y la música sacra, sino en nuestro día a día. Y además, otras ventanas se han abierto también sobre el deambular espiritual en el que se apoya este texto, y sin ser creyente, he seguido con interés el camino que lleva del texto a los preceptos bíblicos.

En el libro las historias están escritas como cuentos, canciones, teatro,  poemas… como curiosidad, ¿puedes contarnos cómo has elegido el género, al menos, para una de las historias?

Con esta diversidad de formas y de géneros he intentado dar cuenta de otra diversidad, la de cientos de manos que, a lo largo de los dos mil años que se han necesitado para escribir la Biblia, han participado en su redacción. Como yo era solo uno escribiendo, he intentado encarnar esa pluralidad en la variedad de formas y estilos de mis textos. Después, la elección se realizó en función del texto inicial. Como yo no pretendía desempolvar el texto, sino que para mí se trataba realmente de escribir un texto nuevo, busqué la forma que me pareció la más adecuada para contar las historias, de las que he respetado la trama inicial.

Has transformado, en muchos casos, la forma, pero aseguras que has decidido mantener su dimensión espiritual. ¿Qué ha significado, en lo personal y en lo profesional, trabajar con una obra que inspira tanto respeto?  

Al principio, sin duda, me vi un poco intimidado por la dimensión sagrada del texto. Pero como yo sabía que esa andadura no estaba motivada por un proselitismo religioso o una blasfemia, me sentí libre y legitimado a la vez en este proyecto, que es únicamente el de un escritor.

Si pudieras abrir una ventana en el tiempo, ¿en qué relato bíblico hubieras participado? ¿Quién hubieras sido? ¿Habrías cambiado algo?

Yo hubiese sido Juan por supuesto. Por otro lado, he trabajado ese personaje como un doble del escritor e incluso de mí mismo. Él es ese que escribe y quien se plantea todas las preguntas que rodean el acto de escribir. ¿Cómo contar y lograr que las cosas se inscriban a la vez sobre el papel y sobre el imaginario del lector? ¿Cómo volver a transcribir para emocionar quien lee? ¿Cómo emocionar sin traicionar? ¿Cómo hacer para que los escritos no se borren y se transmitan durante dos mil años al menos?

¡Muchas gracias, Phillipe!

Phillipe Lechermeier es un reconocido autor francés, nacido en Estrasburgo. Es profesor y comenzó su actividad literaria al escribir cuentos para sus hijas. En Edelvives ha publicado Princesas olvidadas o desconocidas, Semillas de cabañas, El diario secreto de PulgarcitoHilo de hada y El circo mágico.

Ahora te proponemos un reto. ¿Te animas a contestar de forma breve y concreta?  

¿Cuáles son los tres mandamientos del escritor?

Soñar, leer, y trabajar.

Si hubiera un diluvio universal, ¿qué libros salvarías?

Un libro que no dejásemos nunca de leer y de releer, en el que cada vez pudiésemos descubrir sentidos que se nos hubiesen escapado.

¿Cuál es el pecado original de la literatura?

La indiscreción.

¿Cuáles son las siete plagas del mundo moderno?

El ser humano, la religión, el poder, el egoísmo, la superficialidad, la idiotez, el dinero, la miseria, la indiferencia y la codicia.

¿Cuál es tu tierra prometida?

Un rincón de Bretaña.

¿Dónde está el paraíso perdido?

En todos lados y en ninguno. Basta una mirada, la luz de un día de otoño o el olor de un plato que amamos de niños hace mucho tiempo y que aún podemos atisbar. Pero esos instantes son necesariamente fugaces…

Para conocer mejor a Phillipe Lechermeier

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